“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús…”. Efesios 3:20, 21a
Daniel 9
Daniel oraba por la liberación y restauración de su pueblo; fue en los manuscritos del profeta Jeremías donde había leído, “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3) y ahora lo experimentaba, alrededor de las 3:00 de la tarde el ángel Gabriel es enviado con buenas noticias: (vrs. 25) no sólo volverían a Israel, sino que la ciudad de sus ancestros –Jerusalén– sería restaurada… pero, había una noticia aún mejor: (vr. 24) Dios proveería un medio para que la infidelidad –prevaricación- terminara; un sacrificio –expiación- por los pecados e iniquidades. Hasta ahora el pueblo no había podido permanecer firme y era claro que no podría hacerlo nunca, así que la solución para los pecados de su pueblo y del mundo entero, sólo podía venir de Dios; un medio de justicia perdurable. Todavía pasarían casi 500 años antes de que la solución de Dios para el pecado de la humanidad viniera, pero qué gozo fue para Daniel saber tan tremenda noticia, (vrs.25) Dios enviaría al Mesías Príncipe a su pueblo. Para Daniel, un anciano cuya vida había transcurrido mayormente en cautiverio, Dios había venido a ser su heredad. (Ezequiel 44:28; Hebreos 11:13-16) Ahora sólo podía “mirar estas cosas de lejos, creerlas y saludarlas y confesar que era extranjero y peregrino sobre la tierra”. Éste era un hombre de quien “Dios no se avergüenza de llamarse Dios de él”. (Daniel 12:13) Aunque en esta vida no tendría un pedazo de tierra en Israel, Dios tenía preparada para él una heredad mejor. Ahora, a causa de la misericordia divina, Jesús el Mesías ya ha venido, todo lo que fue dicho de Él se cumplió. Al igual que Daniel usted, amigo lector, puede mirar estas cosas de lejos, creerlas y hacer de Cristo el Salvador y Señor de su vida… -GCZ
“El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”. Miqueas 7:19